Las explosiones que sacudieron Venezuela el 3 de enero de 2026 han desencadenado una oleada de reacciones a lo largo de América Latina, donde el gobierno de Nicolás Maduro ha denunciado lo ocurrido como una “agresión militar” por parte de Estados Unidos. Los incidentes, que incluyeron detoniciones en Caracas y otras regiones, llevaron al presidente estadounidense Donald Trump a afirmar en Truth Social que su país había ejecutado un “ataque a gran escala” en Venezuela, anunciando la supuesta detención y evacuación de Maduro y su esposa.
El mandatario colombiano Gustavo Petro, expresando su preocupación por la creciente tensión en la región, hizo un llamado a la paz y la diplomacia. En su mensaje compartido en la plataforma X, Petro subrayó que Colombia tomaría medidas para proteger a los civiles y mantener la estabilidad en la frontera colombo-venezolana. “El país adopta una posición orientada a la preservación de la paz regional, y hace un llamado urgente a la desescalada”, continuó el presidente.
En Cuba, el presidente Miguel Díaz-Canel también condenó los hechos, calificándolos como un “criminal ataque” de Estados Unidos hacia Venezuela. Destacó la agresión como un acto de “terrorismo de Estado” contra el pueblo venezolano y exhortó a la comunidad internacional a responder ante esta situación.
Desde Argentina, el presidente Javier Milei, aliado de Trump y crítico de Maduro, expresó su apoyo a la captura del presidente venezolano, afirmando en X que “La libertad avanza. Viva la libertad carajo”.
La situación ha escalado rápidamente, con Estados Unidos aumentando su presencia militar en el Caribe en los meses previos, lo que genera inquietud entre los gobiernos de la región. Ante estos acontecimientos, el gobierno venezolano ha emitido un comunicado rechazando lo que considera una “gravísima agresión militar”, advirtiendo que los acontecimientos amenazan la paz y estabilidad en América Latina y el Caribe.
Este episodio resalta las crecientes tensiones geopolíticas en la región y la importancia de varios países en la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos, creando un llamado para la unidad entre los estados latinoamericanos frente a desafíos comunes. La situación es tensa, pero también presenta la oportunidad para que las naciones de la región se unan en un esfuerzo por el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos.
