La reciente escalada bélica en Oriente Medio, desencadenada por el ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a Irán, ha resonado profundamente en la política española. Varios partidos que apoyan al Gobierno de Pedro Sánchez han aprovechado la situación para reafirmar sus posturas anti-OTAN.

Izquierda Unida, parte del actual Ejecutivo de coalición, ha sido uno de los principales actores en esta discusión. Su portavoz federal, Eva García Sempere, declaró: “Estados Unidos e Israel han cometido un grave crimen de agresión contra una nación soberana, y nos llevan a un escenario incierto de inestabilidad global”. Sempere instó a España y la Unión Europea a romper acuerdos de asociación preferentes y abandonar la OTAN, dejando claro su rechazo hacia lo que considera políticas genocidas de los gobiernos involucrados.

No es la primera vez que los aliados de Sánchez en el Gobierno abordan este tema. En marzo del año pasado, el grupo parlamentario Sumar, que incluye a Izquierda Unida, apoyó una proposición no de ley del BNG que se oponía al rearme español y promovía la salida de la OTAN. Casi un año después, en enero de 2026, Izquierda Unida volvió a presentar una proposición similar que sigue buscando la ruptura con la alianza atlántica. Aunque el PSOE y Sánchez critican abiertamente a Israel y Estados Unidos, aún no han respaldado oficialmente estas posiciones más radicales.

El clima de rechazo es reforzado por otros socios, como Podemos. Las eurodiputadas Irene Montero e Isa Serra han enviado una carta y una serie de preguntas a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von Der Leyen, y a la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, denunciando la postura de las instituciones europeas frente a la agresión estadounidense-israelí y pidiendo medidas para desescalar el conflicto e impedir el uso de bases militares en Europa.

Este panorama evidencia un creciente descontento en el ámbito político español respecto a la intervención militar en la región, reflejando un cambio en la percepción de la guerra, donde se busca reiterar el respeto al Derecho Internacional y evitar la complicidad con acciones bélicas que desestabilizan la paz global. La situación es un recordatorio de que las decisiones internacionales pueden tener un gran impacto no solo en el exterior, sino también en las dinámicas políticas internas de los países.

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