El telescopio James Webb, uno de los observatorios más destacados del mundo, continúa realizando importantes contribuciones a la astronomía, analizando diversas etapas de la historia del universo. Desde su lanzamiento el 25 de diciembre de 2021, ha investigado acontecimientos que van desde los primeros destellos post-Big Bang, hasta la formación de sistemas solares capaces de albergar vida, incluyendo nuestro propio Sistema Solar.
Recientemente, un equipo internacional de científicos ha hecho un notable descubrimiento al estudiar la galaxia IRAS 07251–0248, localizada a aproximadamente 1.300 millones de años luz de la Tierra. Se ha identificado un reservorio excepcionalmente extenso de pequeñas moléculas orgánicas en esta galaxia, un hallazgo que podría arrojar luz sobre los procesos de formación de tales moléculas y contribuir a la comprensión de la complejidad química esencial para la vida.
Este descubrimiento fue posible gracias a la capacidad del James Webb de observar en el infrarrojo, lo que permite penetrar a través del gas y el polvo que suelen oscurecer el núcleo de las galaxias y bloquear la radiación emitida por sus agujeros negros centrales. El estudio, llevado a cabo por el Centro de Astrobiología (CAB) en colaboración con instituciones como la Universidad de Alcalá y la Universidad de Oxford, ha revelado un inventario notable de moléculas como metano, benceno y radical metilo, algunas de las cuales, por primera vez, han sido detectadas fuera de nuestra galaxia.
La galaxia en cuestión, formada tras la colisión de dos galaxias, emite suficiente energía para ser observable en el infrarrojo, a pesar de estar oculta tras una gran nube de gas y polvo. Los investigadores han destacado que la abundancia de moléculas orgánicas en esta galaxia desafía los modelos teóricos existentes, sugiriendo la posibilidad de un proceso altamente eficiente en la formación de estas moléculas.
El estudio lleva a considerar la influencia de los rayos cósmicos, generados por el agujero negro supermasivo al centro de la galaxia, en la formación de estas moléculas. Los hallazgos indican que los rayos cósmicos impactan en el polvo interstelar, creando un ciclo continuo de producción de moléculas orgánicas crucial para el establecimiento de la química primordial.
Este descubrimiento no solo amplía la comprensión de cómo se forman y destruyen los hidrocarburos en el espacio, sino que también permite visualizar los núcleos galácticos profundamente oscurecidos como “fábricas” de moléculas orgánicas. Además, el trabajo del telescopio James Webb abre nuevas oportunidades para estudiar la creación y el procesamiento de moléculas en ambientes extremos del cosmos, subrayando su papel crucial en la evolución química de las galaxias y el potencial del telescopio para descifrar los misterios del universo.
